Cómo meditar – Guías de bienestar


Autocrítica: Cuando comenzamos a meditar, es muy común que nos peguemos a nosotros mismos. ¡Lo estoy haciendo mal! ¡No soy un buen meditador! ¡Nunca podré seguir mi respiración! Casi todos los que han intentado meditar han experimentado alguna versión de esta duda. Aunque es un impulso natural, no ayuda. Recuerde, el propósito de la meditación no es entrar en un estado de dicha o erradicar todo pensamiento. Es simplemente estar presente con lo que está sucediendo en este momento, sea lo que sea. Trate de dejar de lado cualquier juicio que tenga sobre la buena meditación o la mala meditación, y si ha logrado algo o no. Todos tenemos la capacidad de la claridad, la calma y la atención plena.

Somnolencia: Mucha gente tiene sueño cuando intenta meditar. Esto puede deberse simplemente a que nuestras mentes están sobreestimuladas, o puede deberse a que nuestros cuerpos están cansados ​​y necesitan descansar. De cualquier manera, hay formas hábiles de despertarnos para poder participar en la meditación. Endereza tu postura. Abre tus ojos. Prueba la meditación caminando. En lugar de utilizar la respiración como el ancla de su atención, intente escuchar los sonidos. O desarrolle un patrón de sensaciones en las que concentrarse: por ejemplo, primero la sensación de que el aliento entra y sale de sus fosas nasales, luego el diafragma sube y baja, y luego la suave brisa de aire justo encima de sus labios.

Inquietud: Estamos tan acostumbrados a mantenernos ocupados que la meditación puede parecer aburrida al principio. Si ese es el caso, intente concentrarse en sensaciones muy específicas, como la exhalación. Incluso puede intentar controlar su respiración, tomando inhalaciones más cortas y exhalaciones más largas. Lo más importante es que intente no ser demasiado duro consigo mismo.

Dolor: Es posible que sienta dolor cuando comience a practicar la meditación durante períodos más prolongados. Puede ser solo un dolor agudo y fugaz en las piernas, o pueden ser calambres sordos o dolores en la espalda. Sea lo que sea, trata de simplemente notarlo y aceptarlo al principio. Reconozca que es un sentimiento, como cualquier otro sentimiento, y que eventualmente pasará. Si persiste, intente dirigir su atención a otra parte del cuerpo. Y si el dolor se vuelve intolerable, ajuste su postura según sea necesario.

Temor: En raras ocasiones, puede surgir pánico o miedo. Si esto sucediera, intente desviar la atención hacia algo fuera del cuerpo, como el aire entrando y saliendo de sus fosas nasales, o los sonidos. Pero no se obligue a prestar mucha atención a lo que sea que pueda estar causándole malestar emocional. Y si es demasiado intenso, no se preocupe por abrir los ojos o simplemente tomar un descanso.



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